Justicia, Paz, Integridad<br /> de la Creación
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Celebremos una Pascua que sea resurrección!

Newark 05.04.2017 Gian Paolo Pezzi Traducción de: Jpic-jp.org

Las tradiciones de la Semana Santa son variadas: limpiar la casa, cocinar platos típicos, colorar los huevos, tal vez de rojo para propiciarse salud, intercambiar saludos y regalos. Pero uno se pregunta si la sociedad, especialmente aquélla que se dice cristiana, ha entendido lo que anuncia un "cuerpo" que resucita. Los que creen que un "cuerpo" ha resucitado se resiste a aceptar que exista la trata de seres humanos y se pone en contra del absurdo tráfico de órganos.

Las tradiciones de la Semana Santa son variadas: limpiar la casa, cocinar platos típicos, colorear  huevos, tal vez de rojo para propiciar salud, intercambiar saludos y regalos. Pascua se representa hasta con símbolos curiosos: un conejito para los niños o un fuego encendido tan solo con sílice, o frotando dos piezas de madera, o con una lente. Hay agricultores que siembran cenizas sobre los campos para propiciar la cosecha o simbolizar el final del invierno y la llegada de la primavera. Se esconden los huevos en el jardín para entretener a los niños o se cuelgan guirnaldas de decoración en las puertas y huevos pintados en los árboles del jardín para crear un ambiente de fiesta. Las campanas quedan silenciosas el Viernes Santo y repican con gozo en la noche de la Pascua. En las iglesias se apagan las luces hasta cuando los fieles enciendan las velas que luego se llevan a la casa. En un pub de Londres, "El Hijo de la Viuda", se conservan doscientos ejemplares de los tradicionales bollos calientes en forma de cruz, porque dice la leyenda, "una viuda seguía esperando al hijo marinero perdido en el mar. No quería ceder a la desesperación y continuó cada año a prepararle el dulce". Hay jóvenes que recuerdan un antiguo rito de fertilidad rociando a las jovencitas con agua de manantial y hay familias que en la mañana de la Pascua van a la tumba de un familiar y allí consumen un picnic con huevos cocidos y coloreados en rojo, símbolo de vida nueva. Siempre y en todo, los símbolos son la vida, su regreso, la felicidad, la paz.

Y, sin embargo, leyendo las noticias de este mes uno se pregunta: la sociedad, especialmente aquélla que se dice cristiana, ¿ha entendido lo que anuncia un "cuerpo" que resucita? ¿Cómo es entonces que existen la trata de seres humanos y el absurdo tráfico de órganos? ¿Las guerras, los desplazados, los muertos de hambre en los desiertos de Sudán?

Papa Benedicto en su mensaje Urbi et Orbi de 2010 pedía de superar las múltiples y trágicas expresiones de una cultura de muerte, para construir un futuro de amor y verdad. La resurrección debe llevar luz y fuerza a los líderes del mundo para que la actividad económica y financiera se centre en criterios de verdad, justicia y ayuda fraterna. ¿No es absurdo que se construyan hospitales, hoteles, cementerios y hasta gimnasios para perros y gatos, y se dejen morir de hambre niños y ancianos y se acumulen ganancias económicas sustanciales sobre la piel de los presos y exiliados a causa de las guerras?

"No hay ninguna justificación religiosa y humana para estas cosas, todo esto no es humano". Papa Francisco se refería a los atentados de París, pero su palabra alcanza a todas las situaciones que se ponen afuera de la lógica humana y del sentido de todo tipo de fe. "Casi sin darnos cuenta, nos volvemos incapaces de sentir compasión por el grito de dolor de los demás, incapaces de llorar  ante el drama de los demás y desinteresados por su suerte, como si toda responsabilidad nos fuera ajena", repite el Papa. Por el contrario, "La vida de cada comunidad requiere que se combata hasta el final el cáncer de la corrupción, el cáncer de la explotación humana y laboral y el veneno de la ilegalidad. Dentro de nosotros y con los demás, no nos cansemos nunca de luchar por la verdad y la justicia".

Pascua, por ende, no es sólo una fiesta cristiana, es un evento paradigmático para toda la familia humana. "La muerte y la vida se enfrentan. El Señor de la vida estaba muerto, pero ahora vive triunfante", dice la liturgia católica. Jesús, en su resurrección, es el primogénito -aquel que abre la vagina, según el lenguaje bíblico-; quita la piedra del sepulcro y desde el seno de la tierra abre para toda la humanidad un nuevo camino de unidad: unidad de propósitos, de corazones, pero también de relaciones psicológicas y físicas que nos hacen uno en la Única Existencia. Un corazón abierto a la comunión universal no excluye nada ni a nadie. Pascua, evento histórico para el creyente, Pascua parábola de vida para todos, es esencial para caminar en la justicia.

"Jesús anuncia la victoria de la Vida sobre la muerte. Esta vida, que ha sido vendida a bajo precio, traicionada, condenada, clavada en una cruz y encerrada en la oscuridad de un sepulcro, ha encontrado la fuerza para resurgir y donarse a cada persona humana que se deja invadir por el amor incondicional de Dios. Como entonces, también hoy la vida sigue siendo traicionada y vendida. Vivimos en un mundo donde los radicalismos parecen triunfar, donde no hay lugar para los empobrecidos y crucificados de la historia, donde se construyen muros y se destruyen puentes. Un mundo donde la economía del egoísmo y de la muerte crea deshechos de humanidad, en la búsqueda de un bienestar egoísta en el que nos volvemos incapaces de abrirnos al don que se hace bendición y viene fragmentado para ser compartido".
La Pascua del 2017, sea un anuncio de que otro mundo es posible, un mundo donde gana la vida, un mundo en el que todos tengan esta vida en abundancia. Pascua, incluso para los no creyentes, es el anuncio de la victoria de la vida sobre la muerte, un llamado a hacer causa común con quienes son despreciados o rechazados, es la disponibilidad a dejarse invadir por la Vida de Dios para compartirla con los olvidados de la historia.

Celebremos la Pascua como Resurrección!

               

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