Justicia, Paz, Integridad<br /> de la Creación
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Padre Gaetano Manzi: un gesto al cual rendir homenaje.

Bruxelles 02.07.2012 Yozefu Ntamahungiro Traducción de: Jpic-jp.org

En 1972 estallaba en Burundi lo que el gobierno llamó un golpe de Estado y que fue en realidad una matanza contra la población Hutu. Los Misioneros Combonianos se sintieron cuestionados por la verdad y la justicia y pagaron con la expulsión. Han pasado desde entonces 40 años, y la verdad comienza a abrirse camino.

El 30 de abril de 1972 estallaba en Burundi lo que el gobierno llamó una rebelión racial contra los Tutsi y que por la verdad fue vivida como una matanza contra la población Hutu. Se trataba en realidad, mediante un golpe de Estado presumido, de ofrecerles el pretexto a los extremistas Tutsi de perpetrar un verdadero genocidio intelectual contra el pueblo Hutu: era el apodado plan Simbananiye, siempre negado por los  Tutsi con la determinación que sólo la mentira inspira. Los Combonianos presentes en el país se sintieron cuestionados en su compromiso por la verdad y la justicia. Pagaron con la expulsión. Desde entonces, 40 años han pasado y la verdad comienza a abrirse camino y con ella el sentido y los frutos de su postura misionera. “Nosotros los Combonianos en Burundi – escribió el padre Gaetano Manzi 10 años después - más allá de nuestros límites, representamos un momento profético. Y esta es posiblemente la razón que no durara mucho tiempo. Lo malo es que cuando uno está jugando este papel y viviendo este rol, no se está consciente de eso y sufre las penas y los tormentos de todos los profetas, sin saber como va a terminar todo”. El padre Gaetano murió en un hospital de Kinshasa (República Democrática del Congo) el 6 de junio del año pasado; hoy es posible conocer el fruto de uno de sus gestos por el testimonio de Yozefu Ntamahungiro.

“Mi testimonio puede hacerse público. Espero que alguien de la familia biológica o misionera del Padre Gaetano Manzi pueda leerlo. Será por fin para mí la ocasión de rendirle homenaje indirectamente a él por lo que hizo por mí y también a los Padres Combonianos, quienes arriesgaron sus vidas para salvar a numerosos Hutu. Ustedes  pagaron un precio muy alto por eso, porque creo saber que fueron expulsados de Burundi por el presidente Jean Baptiste Bagaza (Pascua 1977). Hasta se me dijo que ciertos obispos de Burundi los criticaron por este compromiso, pero no tengo la prueba. He aquí una página de mi vida.

El 21 de diciembre de 1972, sacando provecho de nuestra salida de vacaciones, Théogène Murwuwundi, Pierre Rwamangu y yo mismo abandonamos rápidamente el Gran Seminario de Bujumbura que frecuentábamos, para ir a la PAR (Centro de Acogida a los Misioneros) donde el Padre Gaetano nos esperaba.

Personalmente, no lo conocía. Era por intermedio de Théogène que un “plan” había sido elaborado minuciosamente. Llegados a la PAR, tuvimos que salir muy rápidamente porque había personas que estaban al tanto de que el Padre Manzi iba a ayudar a algunas personas a huir.

Tomamos la dirección de la Parroquia de Mabayi, hacia el noroeste, dónde había una comunidad de Misioneros Combonianos. El Señor estaba ciertamente con nosotros, porque un aguacero cayó mientras que nos acercábamos al centro de la Provincia de Bubanza. Las personas que allí controlaban la barrera habían debido ir a resguardarse. Y que había espacio a lado de esa barrera, la rodeamos y pudimos seguir con nuestro camino.

Cuando nos acercábamos a la Parroquia de Mabayi, el padre Gaetano nos dejó allí y nos invitó a irnos rápidamente a pie mientras que el iba a informarse sobre la situación donde sus hermanos de la parroquia. Ya que los militares estaban en la misma parroquia, el padre les pidió a los otros misioneros de retenerles cuanto más tiempo posible. Sin llamar la atención de esos militares, rodó la bajada con el motor apagado y se reunió con nosotros. Ya estábamos de nuevo en camino. Llegados a la bifurcación de la carretera que de la parroquia iba a la frontera más próxima con Ruanda, y que no estaba siendo utilizada debido a las malas relaciones entre Burundi y Ruanda, no pudiendo ir más lejos, el padre nos dejó deseándonos buena suerte. Continuamos nuestro camino a pie: sobrevuelo ahora sobre los detalles que siguieron.

El padre Gaetano me reencontró en Ruanda algunos meses más tarde y nos quedamos en contacto.

Mientras que Théogène Murwuwundi y Pierre Rwamangu prosiguieron en el Gran Seminario, yo tomé la decisión, como me gusta repetir de manera algo maligna, de “dejar el seminario para hacerme sacerdote”. En efecto, después de lo que había vivido en Burundi, tenía miedo de resultar un mal sacerdote o llevar una vida doble. Escogí pues de continuar viviendo los valores humanos, morales y evangélicos que había asumido en el seminario, pero fuera del marco eclesiástico.

El padre Gaetano me acompañó mucho en mi nueva vida, cada vez que le necesitaba. Enseñé en el Pequeño Seminario de Butare, luego en el Colegio de Rilima para los alumnos refugiados burundeses, antes de ir a estudiar en Suiza. El padre Manzi me ayudó también para conseguir la visa para Suiza: aquí también, sobrevuelo los detalles. Como no tenía billete aéreo para alcanzar la Suiza, me ofreció el billete de un misionero que acababa de renunciar a su salida de vacaciones; se puso en contacto con una familia amiga italiana de Milan que vino a buscarme en el aeropuerto y me albergó durante algunos días, luego me pagó el billete de tren y me ofreció algo de dinero para que pudiera llegar a Friburgo (Suiza) donde iba a estudiar.

Continuamos nuestros intercambios a mi vuelta en Ruanda, después de seis años de estudios en Suiza, y también cuando él volvió a Italia. En un momento dado, nos perdimos el contacto: lo recobro ahora para saber que ya me precedió en el cielo.

Ahora me encuentro en Bélgica donde aseguro la presidencia del periódico Iwacu que es publicado a Bujumbura por el Centro de Intercambio Belgo-Burundés (CEBB), una asbl de derecho belga.

Bwakeye neza no amahoro y’Imana, mukomeze mugire amahoro y’Imana.

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