Justicia, Paz, Integridad<br /> de la Creación
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Justicia, Paz y Libertad

Newark 10.10.2017 Gian Paolo Pezzi, mccj Traducción de: Jpici-jp.org

El 4 de mayo de 1976, Pablo VI nombró como Obispo auxiliar de Newark (New Jersey - US) a Joseph A. Francis. El fue el cuarto Obispo católico negro de los Estado Unidos – el primero había sido Agustín Healy. De hecho, en Estados Unidos, la mayoría de las ordenaciones de sacerdotes negros, se dieron entre los años de 1970 y 1980.

El color de la piel había asomado en cada etapa de la juventud de Joseph. Viviendo en un barrio aislado, Joseph asistió a una iglesia sólo para negros, fue a una escuela destinada sólo para niños negros, y cuando asistía al teatro, se sentaba en los lugares asignados a los negros. En el seminario de los Padres del Verbo Divino en Illinois, durante la secundaria, Joseph experimentó una gran y encantadora experiencia, al estar de igual a igual en medio de estudiantes de diversas nacionalidades. Sin embargo, en su viaje de 1500 km de regreso al sur, a su tierra nativa de Luisiana, un inspector blanco lo empujó para que se dirigiera hacia el vagón Jim Crow, que era el reservado para la gente de color. A lo largo del camino, vio, en las diferentes estaciones de ferrocarril, el signo de "solo para blancos". Su paz interior resultó quebrantada y su ira solo amainó, después de que resolviera combatir el racismo en todas sus formas. Y así lo hizo. Nombrado Obispo, escogió como consigna Justicia, Paz y Libertad y en Newark empezó a trabajar con muchos grupos de diversas etnias. A nivel nacional, fue el autor principal de la carta pastoral "Hermanos y hermanas para nosotros" de los Obispos de los Estados Unidos de 1979 sobre el pecado del racismo y con ella dio conferencias a nivel nacional e internacional sobre justicia y paz.

Su compromiso fue inspirado por el cambio fundamental de la Iglesia Católica quien hizo de la justicia social el nuevo núcleo de la evangelización y del trabajo pastoral. El 6 de enero de 1967, el Papa Pablo VI había establecido la Comisión Pontificia "Justicia y Paz" (con el Motu Proprio Catholicam Christi Ecclesiam). Era la respuesta a la petición del Concilio Vaticano II de crear un órgano de la Iglesia cuyo papel fuera el de "estimular a la comunidad católica a fomentar el progreso en las regiones necesitadas y la justicia social en el escenario internacional" (GS, No. 90). Dos meses más tarde, en la Populorum Progressio, el mismo Pablo VI declaraba que la Justicia y la Paz debía ser también el programa del nuevo órgano. El 24 de noviembre de 1971, el Papa Pablo VI autorizó la publicación del documento del Sínodo de los obispos católicos, Justicia en el mundo y después de un período de experimentación, el 10 de diciembre de 1976 otorgó a la Comisión su estatus definitivo con el Motu Proprio Justitiam et Pacem.[1]

En su conferencia en Detroit sobre la carta "Hermanos y hermanas para nosotros", el Obispo Francis dijo: La fundamental intuición nos viene de ver la realidad: ver a las personas en sus angustias y alegrías, en su pobreza y necesidades, en su dignidad fundamental de hijos de Dios. "Me considero a mí mismo, y así también me consideran los demás, un activista social. Estoy tratando de traer un mensaje claro, un mensaje que está contenido en la Biblia y en todas las enseñanzas sociales, y es que cada persona merece tener los derechos básicos", era el autorretrato del obispo Francis. Pero lejos de ser un profeta sombrío y pesimista, el obispo Francis era un gran maestro de bromas y sabía darle color a la Palabra de Dios; encarnó lo que una vez Desmond Tutu declaró: los colonialistas cometieron un gran error en su aventura de conquista: trajeron al pueblo la Palabra de Dios!

La lucha de los negros por la liberación inspiró el escudo episcopal del obispo Francis. La cruz, signo de nuestra última liberación a través de la muerte de Cristo, está en medio de cadenas rotas y simboliza la unidad de todos los pueblos en Cristo. Las torres son las de Watts,[2] construidas por un iletrado hombre italiano, se erigen como un símbolo del deseo de reconocimiento e inmortalidad de los pobres: las cumbres de las torres son símbolos de esperanza que se elevan, libres de las ataduras de la tierra. Una es blanca, la otra negra, para mostrar la belleza que es el abrazarse de la negritud con la blancura, y viceversa. Los tallos en la parte inferior izquierda representan a la caña de azúcar, símbolo de la opresión y supervivencia de los antepasados ​​del obispo Francis que eran trabajadores en los campos de caña de su Luisiana nativa.

Gracias a Dios, con mayor frecuencia, las más fuertes acción de abogacía nos vienen de las vidas de personas reales.

 


[1] El 28 de junio de 1988 Juan Pablo II elevó la Comisión a la dignidad de Consejo Pontificio.

[2] Una colección de 17 estructuras esculturales interconectadas dentro del parque de Simón Rodia, en el parque - Los Ángeles.

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