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Justin Trudeau y la ayuda de Canadá hacia África

Pambazuka News 19.01.2017 Toby Leon Moorsom Traducción de: Jpic-jp.org

El gobierno bajo el mando de Justin Trudeau intenta modificar la historia sobre la relación entre Canadá y el continente africano. Atención, la iniciativa es una concreta quimera ideológica sin una acción concreta o, hasta, es una descarada hipocresía.

La supuesta "nueva agenda" de África comenzó con un viaje a Nigeria, Kenia y Etiopía del Ministro de Relaciones Exteriores, Stéphane Dion, en noviembre de 2016. Al mes siguiente, cuando el Primer Ministro Trudeau visitaba Liberia y Madagascar, el gobierno declaraba que "Canadá ha regresado", dando a entender con eso que se querían revivir las relaciones globales que habían sido descuidadas o ignoradas bajo el gobierno anterior. Por eso, algunos piensan que ha llegado la hora de renovar la política exterior de Canadá con el continente africano, de tal forma que se pueda replantear la agenda de la ayuda que le brinda Canadá al continente.

Es, sin embargo, ridículo sugerir que Canadá estaba de alguna manera ausente durante los años de Harper. Las instituciones públicas canadienses han facilitado y garantizado inversiones al extranjero por medio de una variedad de canales, incluyendo la reciente firma de 10 nuevos Acuerdos de Promoción y Protección de Inversiones Extranjeras en todo el continente africano. En lo que va de la inversión extranjera, Canadá nunca estuvo más involucrado con África, gracias a las inversiones mineras canadienses que se han multiplicado por 100 en un período de 20 años. Incluso, cuando observamos la implicación "oficial" canadiense en el continente, nos damos cuenta que Canadá desempeñó un papel central en la intervención de Libia, que en realidad, resultó ser una invasión. También, apoyó las operaciones francesas en Malí y desempeñó funciones militares en el Congo, Darfur, Sudán del Sur y Nigeria. Sin embargo, el profesor de la Universidad de Dalhousie, David Black, afirma que nuestro impacto en el desarrollo del continente es marginal, con una asistencia de apenas un 0,28% del PIB (mucho menos que el 0,7% fijado por la ONU). Black también sugiere que ha habido poca coherencia en la política canadiense en África durante los años de Harper. Estoy en desacuerdo con eso. La fórmula era que Canadá proporcionaría tan solo la 'ayuda' suficiente para obtener licencias sociales para los acuerdos de sus corporaciones, mientras hacía todo lo posible para proteger las inversiones canadienses. Stephen Brown, un docente de la Universidad de Ottawa, ha descrito esto como la "instrumentalización" de la ayuda canadiense: la cual fue redirigida para que sirviera intereses empresariales canadienses y no los de los supuestos beneficiarios destinarios.

No acepto la declaración de que Canadá está "de regreso". Sin embargo, estoy de acuerdo en que es un momento importante para reconsiderar nuestras relaciones con el continente africano. La evidencia sugiere tres formas claves con las que un gobierno liberal podría ayudar de manera considerable a África en la próxima década; dos de estas ni siquiera se relacionan con la cuestión de la ayuda financiera.

Honrar el Acuerdo de París

La mayor contribución que podríamos hacer a África es cumplir con los compromisos del Acuerdo de París. Un informe de 2015 elaborado por el Panel de Avance de África (APP, por sus siglas en inglés) indica que África es la que padecerá más por el cambio climático, y señaló a Canadá como a uno de los países (junto con Australia y Japón) que obstaculiza el progreso de la reducción del carbono. Por consecuencia, los países africanos se encuentran en forma desproporcionada entre los que corren el mayor riesgo de incumplir con los préstamos. De hecho, ya se ven las consecuencias del cambio climático por el rápido incremento del desplazamiento interno en el continente. Un informe reciente del Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno alega que 1,1 millones de habitantes en 2015 fueron forzados a abandonar sus hogares como resultado de una calamidad ambiental, mientras que el desplazamiento ambiental impactó a 14 millones entre 2009 y 2015. Hubo también desplazados por las guerras, y proyectos empresariales. Estas tendencias son el resultado de 30 años de políticas económicas neoliberales, que han asolado los sistemas agrícolas y que han aumentado las presiones sobre las fuentes de agua, ya que la comercialización conduce a incrementar la exclusión de acceso a los recursos de uso común.

El informe de APP mencionado antes sugiere también que en África "al fin de evitar un cambio climático catastrófico, dos tercios de las reservas existentes [de petróleo] deberían quedarse en el suelo, y esto lleva a la pregunta de por qué se está utilizando el dinero de los contribuyentes para descubrir nuevas reservas de hidrocarburos "inutilizables". "Sin embargo, con los gasoductos Kinder Morgan y Energy East autorizados por el Gobierno Liberal, Canadá está listo para desencadenar un tsunami de carbono", lo que hace que la posibilidad de cumplir con nuestros compromisos asumidos en París llegue a ser esencialmente menos que cero. Al mismo tiempo, el país subsidia todavía a las compañías de combustibles fósiles por un monto de 3.300 millones de dólares este año, mucho más de los 2.300 millones de dólares presupuestados para la ayuda exterior africana en 2015.

Un agresor sexual no es exonerado de su crimen por traer rosas la mañana siguiente. Cuando nuestro gobierno permite que esos oleoductos prosigan, no sólo están renunciando a sus obligaciones contractuales y alterando de forma permanente los ecosistemas de los que dependen las poblaciones de las Naciones más cercanas, sino que también están provocando las mismas consecuencias en millones de africanos. Ninguna cantidad de "ayuda" va a compensar esto.

Regular las empresas mineras canadienses

Canadá también podría ayudar a los africanos reglamentando las empresas de extracción de minerales que están desplazando a las poblaciones locales y dejando daños ecológicos irreparables. No es un secreto que las compañías mineras canadienses son las peores, por los impactos ambientales y las violaciones de los derechos humanos. Sabemos que han entrado en las bolsas canadienses para aprovechar de nuestros bajos impuestos y nuestras regulaciones para protegerse de la responsabilidad legal y para acceder a los servicios diplomáticos. También sabemos que la estrategia de "responsabilidad social corporativa" establecida por el gobierno anterior no ha mejorado la conducta de nuestras compañías mineras. Dos de los aspectos más perturbadores de nuestra actividad minera en África son: la mayor parte de ella se encuentra en países con la menor capacidad institucional para poder aprovecharse de las inversiones, y su especialización está en la extracción de oro. Este segundo aspecto no sólo tiene enormes consecuencias ambientales, sino que el oro en gran medida va a terminar en las bóvedas de los bancos inversionistas que buscan protegerse de la crisis general por el excedente de liquidez en el mundo. En otras palabras, los ricos solos tienen demasiado dinero y los ingresos de nuestro gobierno están apoyando su acaparamiento.

Por estas razones, los liberales deberían dejar de perder el tiempo, y establecer un ombudsman minero para investigar las reclamaciones contra las empresas canadienses en el extranjero y asegurarse de que tienen mecanismos a su disposición para castigar a los infractores y obligarlos a dar cuentas de sus responsabilidades ante los tribunales canadienses.

En tercer lugar, Canadá podría dejar de apoyar el fracasado modelo neoliberal de promover las asociaciones público privadas (P3s) en África. Este modelo influye más que todo in la práctica de "adjuntar valor en la cadena de producción" del sector agrícola como un supuesto medio de apoyar a la mitigación del cambio climático. Un estudio reciente del Instituto por la Pobreza Terrestre y los Estudios Agrarios de la Universidad de Western Cape ha examinado el impacto de esa orientación política en el África meridional. Lo que encontraron es que estas políticas terminan subsidiando a los agricultores más ricos y a las empresas agroindustriales. El objetivo de estos programas es de apoyar el desarrollo de semillas hibridadas, reproducidas específicamente de acuerdo a las condiciones locales para aumentar su rendimiento. Sin embargo, los resultados muestran un acaparamiento de los recursos genéticos por parte de las empresas internacionales de semillas, mientras que las poblaciones locales son cada vez más despojadas de los recursos comunitarios; se ve una reducción en la diversidad de sus dietas y se ve una mayor diferenciación de clase, con los agricultores más ricos que siguen enriqueciéndose mientras que los más pequeños son encaminados a una mayor pobreza.

Estos análisis son en gran medida compatibles con los de un nuevo estudio de la FAO. La evidencia sugiere claramente que estos programas aceleran los procesos de desplazamiento y urbanización y no promueven la seguridad alimenticia, sino que contribuyen al mantenimiento de sociedades más desiguales en el mundo. En estas condiciones nos encaminamos a la militarización y la guerra.

En lugar de haber más Asociaciones Público Privadas, lo que más necesita la gente de África es una seria inversión pública en infraestructuras sociales: plantas de tratamiento de agua y alcantarillado, electrificación, transporte público, escuelas y hospitales. Teóricamente, las empresas canadienses podrían desempeñar un papel en apoyar este desarrollo de infraestructuras, pero este apoyo no debería ser orientado a canalizar fondos públicos para servir a los inversionistas de Bay Street. El Modelo P3 ha sido un fracaso en todos los distintos contextos canadienses y debe dejar de ser empujado por los países africanos (John Loxley, de la Universidad de Manitoba, los describe como "Ideology Trumping Economic Reality" o una ideología que engaña la realidad económica). En cambio, los países africanos van a tener que depender mucho más del cobro de impuestos a sus habitantes, mientras que en algunos casos las compañías de extracción de minerales salen con tasas de impuestos ridículamente bajas, más que todo por estar conscientes de las enormes consecuencias de sus actividades. Obviamente, no aceptarán ninguna de estas recomendaciones sin que experimenten una gran presión social. Así que ¡hagámosla!

Texto original: http://www.rcinet.ca/es/2017/04/14/el-canada-de-justin-trudeau-menos-generoso-en-ayuda-humanitaria/

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